BOLIVIA: A 60 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN PDF Imprimir E-mail
Escrito por editor   
Martes, 10 de Abril de 2012 16:09

Cuando el pueblo boliviano estuvo más cerca de hacerse del poder.

En 1952, la población de Bolivia ascendía a 3.100.000 habitantes, de los cuales 23% era población urbana. Casi el 90% era analfabeto y sin derecho a voto. La tierra estaba en manos de una pequeña oligarquía y los indígenas reducidos al “pongaje”.

Sobre una estructura económica atrasada y arcaica se desarrolla, una de las principales plazas de producción de estaño del mundo. La industria minera boliviana se concentraba en tres grandes compañías transnacionales, las de Simón Patiño, Guillermo Aramayo y Mauricio Hoschild, asociadas a empresas yanquis e inglesas. Los tres manejaban a políticos, periodistas y militares en el llamado régimen de La Rosca.

Los mineros
Los mineros bolivianos habían forjado sus primeros sindicatos en la década del veinte, a fuerza de rebeliones y sometidos a repetidas represiones y masacres. En 1942, en Catavi, el ejército disparó con morteros y ametralladoras contra una marcha de 10.000 mineros de la empresa Patiño, causando decenas de muertos y centenares de heridos. En 1944, el gobierno nacionalista militar de Gualberto Villarroel, autorizó a los mineros la formación de sus sindicatos y de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (FSTMB), que se fundó con 40.000 trabajadores.

Las Tesis de Pulacayo

En junio de 1946 se produjo el golpe militar que derrocó y asesinó a Villarroel, un militar nacionalista, aliado al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), gobierno similar al del presidente argentino, el general Perón. Pero la economía boliviana era pobre y totalmente dependiente de los barones mineros. Por eso Villarroel no pudo dar concesiones a las masas en los marcos capitalistas como lo hizo el general argentino.
El golpe lo dio la Rosca con apoyo del stalinismo (llamado PIR en ese momento). Mediante el "pacto de Yalta", firmado al fin de la guerra, José Stalin había acordado prolongar la alianza mundial con el imperialismo norteamericano y británico que se había producido en la guerra contra Hitler en Europa. Por eso para el PIR, el gobierno de Villarroel era “nazi-fascista” y la Rosca parte del “frente democrático”.
La traición del PIR de apoyar tanto el golpe de la Rosca como el posterior gobierno en el que tuvieron incluso ministros, les hizo perder toda influencia sobre los trabajadores mineros, que eran los más organizados. Ante el golpe, los trabajadores mineros que ya habían organizado sus sindicatos, hicieron un Congreso de la Federación Minera en noviembre de 1946 y votaron las "Tesis de Pulacayo" en las que declaran su total independencia política, su oposición al gobierno de la Rosca y un programa transicional por el socialismo y el gobierno de los trabajadores. Poco después lograban diputados mineros en  las elecciones. Estos diputados mineros, entre los que estaban Juan Lechín y Guillermo Lora, utilizaron su cargo para denunciar a la Rosca y terminaron echándolos del Congreso.
En 1951, aunque solo votaba el 10% que sabía leer, ganó las elecciones presidenciales el MNR encabezado por Víctor Paz Estenssoro. En esa época el MNR tenía  definiciones antiimperialistas, expresando a un sector pequeñoburgués. Por eso el régimen de la Rosca de los magnates mineros, apoyado en el ejército, se negó a entregarles el poder.

La insurrección derrota al ejército

Pero esa dictadura militar aguantó poco. El MNR intentaba negociar con los militares, con Paz Estenssoro exiliado en Buenos Aires. Siles Suazo conspiraba desde La Paz. Por su parte, Juan Lechín, dirigente minero perteneciente al mismo partido que Siles, llamó a los trabajadores a levantarse contra la dictadura. Así, en pocas horas, detonó el odio acumulado y todo empezó a cambiar.
El 9 de abril de 1952 estalló una insurrección popular encabezada por los mineros. Los obreros bajaron a La Paz, armados con dinamita.  Asaltaron el arsenal central y luego la base aérea, consiguieron municiones y resistieron el bombardeo de la ciudad por el ejército. Un sector de la policía se plegó a la insurrección. En Oruro, los mineros tomaron la Región Militar y la Prefectura. A los tres días, el ejército se había desmoronado ante el poder de las milicias armadas, obreras y campesinas que se habían formado en los sindicatos y ya dominaban la ciudad y el país.
Los trabajadores tenían las armas, tenían los sindicatos con un fuerte poder territorial y la COB a escala nacional y decidían sobre el abastecimiento de  alimentos y el transporte.

Regalaron el poder a Paz Estenssoro

Su principal dirigente era Juan Lechín que compartía la dirección con un el POR. Estaban dadas todas las condiciones para que la COB asumiera formalmente el poder que ya tenían en los hechos las milicias obreras y campesinas y la COB. Pero su dirección optó por el camino opuesto: convocaron a Paz Estenssoro, que volvió del exilio el 14 de abril, y le regalaron la presidencia.
La movilización obrera y campesina seguía y presionaba sobre el gobierno. Se logró la nacionalización de todas las minas. Los campesinos se alzaron y ocuparon las haciendas en el altiplano y los valles terminando con el pongaje y logrando recuperar las tierras con la reforma agraria.  También se logró el voto universal, incluyendo a las mayorías indígenas y de la mujer.
Pero el MNR en el poder muy pronto pactó con la burguesía y el imperialismo. Integró al gobierno a Lechín y a algunos dirigentes de la COB, pero al servicio de mantener la propiedad y el régimen económico burgués capitalista. Así entregaron el petróleo que había estado nacionalizado desde la década del treinta, a los norteamericanos..
En el Oriente del país el MNR repartió la tierra indígena entre sus dirigentes y amigos. Aunque tardaron diez años, lograron desarmar las milicias y, con asesoramiento y armas yanquis, recomponer el ejército burgués represivo. En 1964 un nuevo golpe militar impuso en la presidencia al general René Barrientos, cerrando así uno de los capítulos revolucionarios más importantes de la historia de Bolivia y de América Latina.

Reflexiones
La gran lección de 1952 es que los trabajadores, campesinos e indígenas, a la cabeza la COB y sindicatos, podrían haber asumido el poder político (si la COB lo hubiera resuelta no había ninguna fuerza capaz de impedirlo) y hacer el cambio de fondo que ya estaba definido en las tesis mineras de Pulacayo: apoyándose en lo ya conquistado, expropiar al conjunto de los grandes capitalistas y terratenientes e iniciar la construcción de una economía socialista, convocando a los trabajadores latinoamericanos a hacer lo mismo.
Tres años antes había triunfado una revolución de  los campesinos pobres en China que había expropiado a los capitalistas y terratenientes. El imperialismo estaba interviniendo en Corea para frenar la revolución asiática. En un mundo convulsionado la conquista del poder por la COB y una revolución socialista en Bolivia hubiera sido un poderoso empuje para una revolución latinoamericana, 7 años antes de la revolución cubana.
El camino de pactar con intereses capitalistas y transnacionales, llevó a la derrota. Juan Lechín y también la dirección del POR y del PC de entonces son responsables de haber llamado a la clase obrera y a los campesinos a confiar en Paz Estenssoro en vez de asumir el poder con la COB.

Fuente: La Protesta / Somos Sur

 
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